martes, 25 de junio de 2013

Perdón Patrón



La humildad es un valor, pero la Historia lo niega. La humildad descontextualiza, aquí, esa palabra, no aparecerá más. 

Cuando la Señora Juana viene y hace suyo mi nombre agregándole como prefijo un incomodo “Señor”, veo en sus canas el esfuerzo de una vida llena de privaciones, de construir castillos de papel, sirviendo al señor del momento, familias y ciclos sin fin, una pensión miserable, un hijo asesinado por la ambrosía de Baco y un desamparo que trastorna.  Me comenta que ha asistido, con insistencia de mormón, a la Ilustrísima casa del edil del pueblo y no ha recibido respuesta, me comenta que la casucha en la que vive no tiene revestimiento y en el verano el calor es insoportable, como insoportable es el frío en invierno.

“Mi viejo no anda bien, pero qué más da”, subyugada ante su realidad, ciega ante el peso insoslayable de la noche, el tiempo no solo se llevó su piel lozana y un cabello ennegrecido, el tiempo se llevó su energía, las ganas de vivir. La Señora Juana, sobrevive. 

Manuel llevaba un mes preso del alcohol. Hace dos meses se le ofreció la posibilidad de cuidar un ciento de animales en un bajorelieve durante los meses de invierno. Recuerdo cuando el inquilino del sector hablaba de Manuel, de sus inconstancias en el trabajo, de sus meses “buenos” y meses “malos”, hablaba de exigir desempeño con un sueldo solo al final del trabajo, “Si le paga antes de terminar la pega, es seguro que no vuelve”....Manuel no volvió. 

Hace dos días, Manuel se acercó a la puerta de su jefe temporal, por que el trabajo de Manuel siempre es temporal, y con los ojos fijos en sus pies, con su cabeza gacha...se escucha de su boca un seco: “Perdón Patrón”. 

¿Perdón de qué Manuel? Manuel, eres prisionero de injusticias ancestrales, de hombres que creyéndose superiores te subyugaron, a ti y a tu gente. Perdón a tu familia, por que sufren tu sufrimiento; perdón a tu gente, porque otros como tú sufren y ahogan aquellas penas en sangre de la vid. Perdón por mi inconsistencia, por querer demostrar algo que no soy; perdón por mi timidez, porque me falta gallardía al enfrentar las injusticias; perdón por mi temor constante a los cambios, por callar cuando pude hablar, por mis actitudes timoratas que disfrazadas de labia intelectual, hacen eco en aulas vacías; perdón por que no tuviste la posibilidad de ver el mundo, perdón por que no te mostré las ventanas, por que no conociste el cielo como yo lo veo, porque no tuviste libros como los que yo leí, perdón Manuel, porque no viste lo que yo vi.

¿Cómo podría exigirte perdón Manuel? si eres valiente, te enfrentas a vicios sociales que te hacen preso de chismes y comentarios mal intencionados con un vaso en la mano y una botella bajo el brazo. 

PIEDRA BRUTA


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